La Patria en perspectiva II

 La Patria en perspectiva II

La corrupción se ha convertido en el estilo de vida de muchos políticos.

Ernesto A. Holder

No me deja de impresionar lo equivocado que puede estar uno, que podemos estar muchos. Al título de esta entrega le agregué el “II”, porque en noviembre de 2015, o sea, hace seis años, publiqué un artículo con igual nombre y con similares preocupaciones que entonces, hubiera apostado, estaríamos en camino de superar. Más cuando han pasado dos administraciones de Gobierno, con la responsabilidad primaria de avanzar la causa del país por mejores derroteros.

Los efectos de la corrupción tienen un sinnúmero de aristas. Después de los encierros por la pandemia, los muchachos han desfilado para honrar a la Patria, a pesar de que los colegios continúan cerrados. Y sabemos que, desde antes de la pandemia, no se había hecho lo justo por asegurar la mejor preparación profesional que el país necesita para continuar su desarrollo: una educación digna para una generación de inicios del nuevo milenio, en las áreas estratégicas y técnicas que el país requiere. En lo humanístico. Eso no lo digo yo, lo señalan a cada rato los que tratan estos temas: expertos y empresarios que requieren del recurso humano preparado.

Indigna los que gritan que hay persecución. Me atrevo a resumir lo que ocurre de manera sencilla: la ciudadanía quiere saber qué fue lo que ocurrió con los dineros del Estado (los dineros de todos), en los último dos quinquenios y ahora durante los tiempos de urgencia por el coronavirus. Entiendan eso. El dinero que debería proveer a estos muchachos de mejores centros educativos. Y para entender eso, se deben continuar todas las investigaciones, señalar a los culpables y que paguen sus penas. Y que sus cómplices, los que andan gritando persecución, también asuman su responsabilidad.

La definición de “cómplice” en el diccionario de la RAE dice: “Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas” y “persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos”. En el sistema legal vigente, nadie es culpable hasta que se le pruebe lo contrario; pero, evidencias de corrupción y otros delitos, se han descubierto, cada uno más detestable y vergonzoso que el anterior.

Si nos preguntamos cómo es que llegamos a este punto, por el momento, no pudiera señalar el instante preciso. La impunidad (RAE: “Falta de castigo”) es la madre de todas las faltas. Este país nuestro parece ser el digno ejemplo de las debilidades con que enmarcan a los países subdesarrollados.

En un evento auspiciado por la Institución Brookings y el Centro para el Desarrollo Global, en junio de 2007, Ngozi Okonjo-Iweala, ex ministra de Finanzas y Relaciones Internacionales de Nigeria, expuso el tema “Corrupción: mitos y realidades en el contexto de un país en desarrollo” (“Corruption: Myths and Realities in a Developing Country Context”).

Ngozi presentó argumentos de significativo valor contextual sobre los problemas de corrupción en las naciones en vías de desarrollo, que muy bien nos servirían de referencia en el nuestro. En muchas instancias, dijo: “el debate sobre la corrupción se centra en la corrupción económica en casos como los de la captación de renta, fraude en los procesos de contrataciones y despilfarro en los presupuestos gubernamentales…”. La exministra también sostuvo que: “la corrupción política, particularmente relacionada a las finanzas de los partidos y a las finanzas de las campañas políticas, gradualmente se viene constituyendo en un reto de proporciones mayores en los países en vías de desarrollo. (…). Los partidos políticos y el proceso político en las democracias emergentes, invariablemente, tienden a caer en corrupción”. Me preocupa, dice Ngozi, “que la corrupción política en sus formas más perniciosas se esté apropiando del continente africano mientras se buscan los mecanismos para emular de los países occidentales, los procesos de control de los financiamientos a las campañas políticas, pero sin la fortaleza en las instituciones fiscalizadoras para su salvaguarda”.

La presentación de la exministra fue hace 23 años. Mi columna fue hace seis años. La pandemia abrió nuevos espacios para robar evidenciado en todas las esferas nacionales y globales. Reflexionemos sobre las oportunidades perdidas para corregir (jueces, por ejemplo). Esa reflexión debe llevarnos a la conclusión de que el modelo actual no funciona y es tiempo de darle vuelta a las cosas de la justicia Patria. Es insostenible que dentro de algunos años más sigamos igual o peor.

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