El desequilibrio de la relación de poder debilita la democracia
SIN MORDAZA

Por Filemón Medina Ramos
Entender la relación de poder, en la coyuntura actual, encontrará diversas opiniones y posiciones, de acuerdo a la esquina con la cual estén alineados los intereses individuales o colectivos, de ahí su complejidad. Pues mientras que para algunos lo actuado por el ejecutivo fue la mejor decisión, para otros es la prueba del peligro que se cierne sobre la democracia, por la forma en la que la entiende e interpreta la derecha libertaria (entiéndase la derecha neo fascista).
Lo fregado en medio de todo este panorama es el resurgimiento de los paragubernamentales que se mimetizan a través de las redes sociales para manipular la información e influir en la opinión pública no pensante, incluso en algunos “pensantes”, para lo cual se valen de los llamados ”call centers”.
En una sociedad democrática, el poder del gobierno se ejerce con respeto a los derechos de los ciudadanos, promoviendo la justicia, la igualdad y la participación. Sin embargo, en algunos casos, esa relación se distorsiona cuando el gobierno impone su autoridad mediante la fuerza, sin considerar la voluntad del pueblo. Y se impone empleando mecanismos como la represión, la violencia o la intimidación para mantener el control.
Control que se logra mediante acciones que van desde el uso excesivo de la fuerza policial, la censura, la persecución de opositores o la suspensión de libertades básicas. En estos casos, el poder no se basa en la legitimidad ni en el consentimiento de los gobernados, sino en la coacción y el miedo.
Este grave desequilibrio de la relación de poder, viola los principios democráticos y los derechos humanos. La imposición por la fuerza puede llevar a la pérdida de confianza en las instituciones, a la polarización social y, en casos extremos, a conflictos y violaciones graves de derechos, que debilita la institucionalidad democrática.
La verdadera fuerza de un gobierno reside en su legitimidad y en su capacidad para gobernar con el consentimiento del pueblo, no en la imposición mediante la violencia. Para ello es fundamental que la autoridad se ejerza con justicia, diálogo y respeto, permitiendo que los ciudadanos participen y expresen sus opiniones.
*El autor es periodista y líder sindical