Elizabeth Samudio escritora llena de sensibilidad poética
Surtidor de mundos y emociones
Por Elizabeth Samudio

El escritor es amor.
Ama las mejores obras de otros.
Ama la coherencia del texto poético que suscribe.
Con los cinco sentidos prestos, hilvana historias
y con sosiego recibe el crepúsculo, viaja
a otros mundos, estampa su sello, lo esparce
en el triángulo. Capta e imprime
la dulzura o la amargura de los versos,
la retórica oportuna, el vuelo en el discurso,
la ordenación artística del relato.
Dotado de sabiduría, es un ser
asombroso el escritor. Merece ser
celebrado por un lector que liba
de su léxico maravilloso.
Sostiene en su regazo el libro
abierto: como cuando se abre
una flor temblorosa y llora su rocío.
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Poetas
Brotan de sus mentes
metáforas amorosas,
imágenes tiernas de la niñez,
prosopopeyas de la naturaleza.
Brillan sus poemas como tesoros.
Parpadean sus versos
que exaltan la gracia femenina.
Las plumas de estos sabios
versan los amores ardientes y los incomprendidos,
los atardeceres idílicos de los enamorados.
Evocan el alma de las voces.
Van exaltando el paraíso.
Serpentean en sus dedos
los hilos de la luz.
