El Escorpión
Martes 9 de diciembre de 2025
CULTURA POPULAR
Si algo distingue al panameño es la manera de vivir las fiestas de fin de año. Desde las fiestas patrias, que abarcan todo el mes de noviembre, hasta la despedida del año viejo, el istmeño no escatima en nada: simplemente las vive con intensidad. Podríamos decir que el panameño no pierde el toque festivo y menos en diciembre. La calle es un hervidero y los centros comerciales se muestran abarrotados. El intenso movimiento de compras en vísperas del Día de la Madre, las calles y plazas llenas de luces navideñas, y el aroma del arroz con guandú, el jamón y el ron ponche se mezclan con el pescado en escabeche, el olor a rosca y la pólvora de los cohetes y luces de los fuegos de artificio. Esa es la característica de la cultura popular panameña que hace de diciembre un mes especial y nos invita a olvidar, aunque sea por unos días, las piedras en el zapato que constituyen los afanes de cada día.
PESTE URBANA
Nuestra experiencia vial cotidiana tiene como protagonistas, en muchos casos, a los conductores de motocicletas y escúteres con su temeridad e irrespeto por las reglas de tránsito. Algunos de ellos son una verdadera peste urbana; tras que infringen las leyes y ponen en peligro la seguridad propia y ajena, encima tienen la desfachatez de reclamar airadamente cuando tienen algún incidente con otro conductor. Si no le ponemos alto a esta costumbre, llegará un momento en que será necesario tomar medidas extremas por parte de las autoridades y, lo que es peor, el riesgo de que cada quien se haga justicia por su propia mano ante la inacción de aquellas. Ojo al Cristo.
POLICÍAS A LA CALLE
Pero no todo es caos en las calles de la ciudad, aunque sea por el mes de diciembre. Unidades de la policía han sido destacadas en algunos cruces de avenidas en donde reina la anarquía cuando falta su presencia. Eso no soluciona el tranque, que tiene que ver con otras causas de planificación urbana, pero al menos imponen un poco de orden en donde el desorden es el soberano. Ojalá y esa presencia policial se haga más patente en otros momentos de la vida común del panameño, para ver si así recuperamos la paz y la tranquilidad que en ocasiones sentidnos haber perdido.
FERIA DE ÑINGA
Increíble pero cierto, el Parque Omar parece estar convirtiéndose en un sitio donde los desechos orgánicos de los canes son como la moneda de cambio. Resulta muy desagradable caminar por sus veredas y áreas verdes y encontrarse un reguero de pupú de perro, cuyos dueños les importa tres pepinos dejar por doquier las excretas de sus mascotas, cosa que contraviene el reglamento de uso del parque y las leyes de la república. Ni siquiera respetan que el Parque Omar es sede del despacho de la primera dama. Los administradores del parque deben poner más cuidado en este asunto y poner a funcionar las cámaras que se supone son para vigilar y mantener seguros a quienes lo utilizan y reclamarles responsabilidad a quienes fomentan el libertinaje intestinal de sus cuadrúpedos amigos y el esparcimiento de su materia fecal por cualquier rincón.