Por Richard Moreno
El nuevo orden mundial no se explica solo desde la rivalidad entre china y los Estados unidos. Moscú ha regresado al tablero global como actor disruptivo; potencia militar, actor energético y factor geopolítico que rompe el equilibrio occidental tradicional.
Rusia, pese a sanciones económicas y aislamiento político impulsado por occidente, ha adoptado por redefinir alianzas estratégicas hacia medio oriente y el llamado sur global. Su acercamiento con china no es una subordinación, sino una asociación táctica para debilitar la hegemonía Yanqui. Mientras Washington defiende el orden liberal surgido tras la guerra fría, Moscú impulsa un sistema internacional menos controlado por instituciones occidentales.
Este triángulo- Washington, Beijing y Moscú configuran un mundo sin árbitros único.
Estados unidos conservan poder militar global, China domina el comercio y la manufactura, Rusia influye mediante seguridad, energía y presión geopolítica. El resultado no es un nuevo imperio, sino una competencia permanente entre polos de poder.
Estamos entrando en una era en donde las guerras ya no siempre se liberan con tropas, sino con tecnología, monedas, recursos energéticos y control de rutas comerciales. El liderazgo mundial ya no depende solo de quien tenga más armas, sino de quien logra mayor influencia económica política sin disparar un solo misil.
El nuevo orden mundial es multipolar, inestable y profundamente pragmático.
Las naciones pequeñas deberán aprender a navegar entre potencias sin convertirse en piezas descartables del ajedrez global. (###).
*El autor Richard Moreno es periodista.