Semillas de Esperanza: un vuelo que comienza y continúa
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Semillas de Esperanza: un vuelo que comienza y continúa

Por Elizabeth Samudio Aparicio / Docente y poetisa

La crónica de Rosa Elena Madiedo sobre Semillas de Esperanza hace algo que el periodismo debe hacer más seguido: ponerle rostro y ruta a la esperanza. No habla de "educación" en abstracto. Habla de cinco Pasajeras saliendo a las 5:00 a.m. desde San Miguelito, de 500 libros cruzando el río Caño Llano en bote y a pie, y del maestro Eliodoro Ortega recibiéndolos "visiblemente emocionado".

Ese nivel de detalle importa porque revela lo que cuesta llevar un libro a la Comarca Ngäbe-Buglé. Según datos del MEDUCA, solo 3 de cada 10 escuelas en áreas de difícil acceso cuentan con biblioteca funcional. Por eso el trabajo de la Dra. Mariela Mirones García y del colectivo Pasajeros en Tránsito no es simbólico. Es infraestructura cultural en movimiento.

Hay dos aciertos del proyecto que merecen subrayarse. Primero, el enfoque. No se trata de "donar libros y ya". Los objetivos específicos hablan de lectura compartida, minilibros de cuentos, narraciones orales y plan de seguimiento. Segundo, la alianza. CRUSAM, CRUPO, APLIJ, padres de familia y docentes voluntarios demuestran que cuando la universidad, la sociedad civil y la comunidad se articulan, los libros sí llegan donde el asfalto no llega.

La cita de Tolstói que rescata el texto es precisa: "El pueblo quiere y busca la educación como quiere y busca el aire que respira". Lo vimos hace semanas con La Roja uniendo al país. Semillas de Esperanza nos recuerda que la otra camiseta que también nos une es la de la lectura con propósito.

Si algo queda por responder después de esta primera siembra es lamedición de impacto. Sería valioso que en próximas entregas el proyecto comparta qué ocurrió con esos niños de Caño Llano seis meses después. ¿Cuántos minilibros se crearon? ¿Qué historias contaron? Documentar esa germinación ayudará a replicar el modelo en otros rincones del país.

Mientras tanto, que el vuelo del águila con el libro abierto siga surcando el azul de los cielos. Y que más panameños preguntemos lo mismo que sugiere el artículo: ¿dónde es la próxima siembra y cómo sumamos?


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