El Escorpión
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Lunes 12 de octubre de 2026

SOMOS PANAMÁ

Tras el terremoto del viernes múltiples mensajes pueden verse y leerse por las redes sociales. Desde la resistencia de los rascacielos de la capital, hasta el dejar de hacer o no hacer de las autoridades. Pero, lo más importante, son aquellos mensajes que nos muestran como un país solidario y sensible al sufrimiento de las víctimas del seísmo, que han perdido sus hogares y los medios de ganarse la vida en los campos de Herrera, Los Santos y Veraguas que resultaron más afectados, sin olvidar a nuestros compatriotas de la provincia de Coclé que, también, sufrieron los embates de las fuerzas de la naturaleza. Ahora toca enfrentar las consecuencias que ha dejado el terremoto y reconstruir lo que el evento destruyó. No olvidemos que pese a todas las diferencias políticas que podamos tener con las autoridades y los gobernantes, primero somos Panamá y hemos de poner por delante aquello que nos une.

RECONSTRUCCIÓN 

Sorprende la cantidad de edificios escolares que han sucumbido por el movimiento de tierra experimentado el viernes pasado. Son estructuras endebles de las que no se tenía conciencia clara de su aguante. Y aquí no valen las excusas que algunos, de seguro, encontrarán para justificar la situación. No olvidemos que dentro de esas escuelas permanecen nuestros hijos, por lo que debieran ser los edificios más seguros de todo el parque de propiedades públicas. Bien valdría la pena que las nuevas edificaciones que reemplacen a las destruidas por el terremoto, sean construidos bajo especificaciones distintas, buscando hacerlas más resistentes frente a los fenómenos naturales, porque ellas sirven más allá del uso escolar cotidiano, desde centros de votación, hasta sitios para albergar damnificados, atender urgencias y cualquier otro tipo de necesidad o emergencia. Esa es una de las lecciones que nos deja el reciente terremoto y, al menos, deberíamos prestarle atención si no podemos aprenderla. 

QUIERE SU ESTATUA

Un ciudadano italiano radicado en Panamá desde hace más de tres décadas lleva, al menos, una decena de años de estar reclamando la devolución de una estatua de la Virgen María que estaba destinada a servir como modelo para otra que sería instalada, a gran escala, a la entrada del Canal de Panamá. El afectado denuncia que al ser desalojado de una vivienda que ocupaba le fueron transportadas todas sus pertenencias a un depósito y de allí le desaparecieron la estatua y otras pertenencias que ha venido reclamando desde entonces. Supuestamente, la estatua fue ubicada en un templo de la ciudad, pero por más intentos que ha hecho no terminan devolviéndosela. Y eso que ha enviado cartas a ministros, jerarcas e la Iglesia, embajadores y autoridades de Italia y Panamá de distintas épocas y la cosa sigue igual. Una historia como de película que aún no encuentra un final feliz.

JUNTA DE EMBARRA

De entre los casi 400 inmuebles destruidos por el terremoto del pasado viernes en la región de Azuero hay varias casas de quincha que constituyen parte del patrimonio cultural inmaterial panameño. Hay que aprovechar la coyuntura y tratar de sacar algo bueno de la perdida de las viviendas de la población de la región que resultó afectada y, en algunos de los casos, reconstruir con esa técnica algunas de las casas para los damnificados que acepten recibir una en reemplazo de la que han perdido o, al menos, repellar las paredes de las que se construyan de bloques con el material de quincha organizando las respectivas juntas de embarre, como parte de la cultura y la solidaridad regional. Eso, sin duda, dejaría un recuerdo diferente en la mente de las víctimas y los poblados afectados por el terremoto ocurrido hace tres días.

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