Miércoles 28 de octubre de 2026
YA SON MENOS
El sistema automático del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá ha contabilizado, hasta el momento, más de 1,056 réplicas tras el terremoto de magnitud 7.5 que sacudió la región de Azuero el pasado 9 de octubre, lo que refleja un comportamiento descendente en frecuencia y magnitud dentro de la zona del impacto. A pesar de que los eventos presentan mayor separación temporal, comportamiento que responde al reacomodo progresivo del sistema de fallas Azuero-Soná para recuperar el equilibrio tectónico, ayer los ocupantes de la cueva de los padres y madres putativos de la patria se pegaron su susto. Tuvieron que desalojar el edificio y algunos, de paso, aprovecharon para no trabajar. Será mejor que se vayan acostumbrando, porque el proceso natural del fenómeno sísmico puede prolongarse durante semanas. El consuelo es que con la disminución paulatina, los movimientos dejarán de ser perceptibles para la población, aunque los instrumentos continuarán registrándolos.
TECNOLOGÍA
El terremoto del 9 de octubre en Panamá aceleró el uso de una tecnología que permite crear, gestionar, analizar, visualizar y compartir mapas y datos geolocalizados. Es la lección que se saca de un evento para el cual la mayoría de la población no estaba preparada para vivirlo. El objetivo de usar esa tecnología es hacer más eficiente el manejo de la información y coordinar mejor la respuesta en el terreno, evitando la duplicación de esfuerzos. Pero no hay que centrarse solo en la experiencia del terremoto reciente, sino en el papel que juegan otras instituciones en la vida del país y que han sido poco apreciadas por los gobiernos de, al menos, los últimos 50 años, como el Instituto Geográfico Nacional, el Instituto Gorgas, el Instituto Oncológico y los centros de investigación de nuestras universidades: A estos y otros que también existen, tenemos que dotarlos de los recursos suficientes para realizar su labor. Somos un país que tiene una deuda enorme con la ciencia y la tecnología local. Es preciso fomentar la investigación y la innovación nacional, para alcanzar niveles más altos de desarrollo y no depender, en gran medida, del conocimiento externo. Si invertimos en estos campos, no será dinero ni recurso perdido. Recordemos que lo bueno que hagamos hoy, será bueno mañana, y lo malo también.
NO ES NADA GRAVE
Así calificó el ministro Molotov el derrumbe registrado en la mina ubicada en Remance, provincia de Veraguas. Según él, los equipos técnicos de su ministerio de comercio y los de Mi Ambiente, a cargo del Bimbín, realizan inspecciones rigurosas en el sitio tras confirmarse un deslizamiento de tierra que arrastró tierra y material vegetal a una fuente de agua cercana. A su leal saber y entender, los análisis iniciales sobre la calidad del agua le indican que la incidencia “no es nada grave” y que se mantendrán las precauciones necesarias y la vigilancia constante hasta contar con los informes técnicos definitivos para transparentar la información ante la ciudadanía. Y allí está el detalle, diría Cantinflas: que todavía no hay seguridad de si hay gravedad o no, con excepción de la fuerza que hizo deslizarse la tierra. No dudamos que tengan la intención de hacer un buen trabajo, pero la comunidad necesita sentir que el asunto se lo están tomando en serio, porque, a la mínima sospecha de contaminación, la vida familiar y productiva de los habitantes del área podría dar un vuelco y no, precisamente, para bien.
ALETEO
Y no de pajaritos, porque dos mujeres y un hombre fueron declarados culpables por delitos contra el ambiente y delincuencia organizada en el caso Shark, relacionado con la comercialización ilegal de más de135,000 aletas de tiburón, equivalentes a unas seis toneladas del producto incautado. Los involucrados comercializaban productos y especies acuáticas protegidas y amenazadas sin los permisos o certificaciones correspondientes. Aunque el juicio es reciente, el caso no. La operación llamada Shark se realizó el 13 de julio de 2023, cuando las autoridades aprehendieron a cinco personas y ejecutaron 10 allanamientos en Panamá, San Miguelito, Coclé, y Panamá Oeste. El asunto delictivo no era de poca monta, ya que la investigación inicial descubrió una cadena de suministro que involucraba a proveedores de Farallón y del Mercado del Marisco, así como el traslado de aletas a una finca en Capira, donde eran secadas, horneadas, embaladas y almacenadas. Delito mayor y éticamente cuestionable, aunque no para algunos que verían como de muy poca cosa quitarle la aleta a un tiburón comparándolo con el sopeteado estribillo de los que se roban millones. A ver si ahora, al ver la magnitud de este aleteo, los que justifican el robo de gallinas y captura de iguanas también se atreven a traer a menos este delito.
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