Por Prof. Elka de Herrera.
La comunidad universitaria debe apoyar y comprender al Rector Absel Navarro.
Él no es el culpable de los problemas, ni de las desgracias que se vive en la UNACHI. No es el responsable de que la administración anterior haya derrochado los fondos universitarios.
Tampoco es el autor de los manejos turbios, de la explosión de nombramientos, muchos de ellos innecesarios. Tampoco creó puestos brujos para asegurar los votos.
No es el causante de la existencia de botellas ni de garrafones, de gente nombrada sin funciones. No lo pueden señalar de provocar entuertos administrativos que se han destapado como secretos ocultos.
Además, no tiene nada que ver con todo el lastre del nepotismo, que ha dañado y debilitado el desarrollo de la Universidad Autónoma de Chiriquí (UNACHI). Tampoco, ha comprometido el salario de los administrativos ni de los profesores.
Lamentablemente, es el blanco de críticas y de reclamos, sin ser el responsable de la situación actual de la UNACHI. Ha tenido que lidiar con todos los errores y horrores cometidos por la administración pasada.
Por otro lado, hay quienes actúan como leonas cuando andan sueltas, matando a cualquiera que se le pare frente. Lo devora con palabras cuarteleras, usa un trato rudo y directo.
Igualmente, se vale de expresiones ordinarias, típicas del ambiente castrense. Su vocabulario es chavacano, brusco al hablar, y su discurso es falto de refinamiento.
Se sostiene con vida culpando a otros. Antes del ataque, primero lo asecha, le da seguimiento de cerca, no lo pierde de vista y lo ataca ferozmente sin darle tiempo a defensa alguna.
Cuando la UNACHI necesitó que sus mejores hijos la protegieran, se escondieron y le dieron la espalda. Hoy los mueve la politiquería barata y aparentan salir en ayuda de una UNACHI humillada , explotada y abusada.
La UNACHI fue una piñata de gracia para muchas personas malagradecidas, que fueron nombradas por amiguismos. Y es que, ni en los momentos más tristes y dolorosos, levantaron su voz, ni la pluma para proteger el honor, la imagen y la trayectoria de una Universidad que está colgando en las cuerdas de la aflicción.
La UNACHI está paralizada debido al abuso y al desamor de sus propios funcionarios, y de quienes juraron defenderla. Le han puesto el pie a la universidad, está de rodillas con el grito prendido en la garganta ante un futuro incierto.