Por: Prof. Elka de Herrera / Docente universitaria.
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El Prof. Absel Navarro, es un profesional con argumentos coherentes y fundamentados en la verdad. Tiene buen manejo y conocimiento de la vida universitaria. Es amante de la paz y su meta es hacer un trabajo integrador como representante legal de la UNACHI. A pesar de conocer al dedillo los desastres cometidos por la administración pasada, en sus intervenciones ante los medios de comunicación masiva no ha mostrado una pizca de odio ni revanchismo.
La comunidad universitaria tiene sus esperanzas puestas en las gestiones que realiza el nuevo rector de la UNACHI, Prof. Absel Navarro, quien triunfó abrumadoramente en las elecciones del 19 de agosto de 2026, recibiendo el apoyo de todos los estamentos universitarios, y participa de manera activa en la Asamblea Nacional de Diputados donde se realiza la vista presupuestaria correspondiente al año 2027.
Además, de gestionar con la Contraloría General y el Ministerio de Economía y Finanzas, todo lo relacionado con la crisis en que está sumida la UNACHI como consecuencia del supuesto desgreño administrativo de las autoridades salientes, con la esperanza y el firme propósito de encontrar la fórmula que nos permita balancear el presupuesto y poder hacer los pagos adeudados a todo el personal docente y administrativo hasta finalizar el año.
Por otro lado, el período que le correspondió al nuevo rector es de crisis profunda y lamentable. La UNACHI atraviesa una de las épocas más angustiosas de su historia en el aspecto económico y administrativo. Muchos han sido los momentos de sufrimientos y esta gran verdad que nosotros no podemos soslayar, debe servirnos de lección para respetar la institucionalidad y la democracia. Y para todos aquellos que teniendo en sus manos los instrumentos de control de la realidad política de esta universidad, y que nunca se preocuparon por tomar las mejores decisiones en favor de la institución, deben sentir un estremecimiento de conciencia, puesto que fueron testigos y autores de los exabruptos, y no evitaron el desgreño administrativo que ha conducido al cierre temporal de la Universidad Autónoma de Chiriquí.
Asimismo, son responsables del desprestigio, el desorden, la intranquilidad y la quiebra de esta universidad estatal. La administración anterior dejó un fardo de injusticias, negligencias y mala gestión en la administración de la universidad del pueblo chiricano, las cuales se han ido acumulando a través de varios años, hasta llegar al punto crítico en que nos encontramos. Pareciera que no se dieron cuenta que la situación de abusos, decisiones imprudentes y actos temerarios, traerían como consecuencias situaciones que irían precisamente, contra sus propios intereses. Ahora, el nuevo rector tiene que estar justificando e implorando la protección estatal para impedir el cierre de la universidad.
Igualmente, la politiquería en la UNACHI generó nombramientos imprudentes, excesivos, pasados de la raya, nepotismo, clientelismo, y circularon listas con el personal nuevo nombrado en diferentes puestos y facultades exagerando lo requerido, lo básico y lo necesario objetivamente, sin importar su idoneidad para el cargo.
Las consecuencias fueron duras, dañaron la planilla, afectaron la respetabilidad de la institución en el fomento de las virtudes: la integridad, la transparencia, la ética, la excelencia académica y la responsabilidad social. Igualmente, afectó la gobernanza de la universidad, la calidad académica y la sostenibilidad financiera.
Abultar la planilla en la UNACHI de forma innecesaria y fraudulenta con cantidad de empleados, ha tenido repercusiones negativas y pudo tratarse de contrataciones “botellas”, gente que cobraron salarios, pero no asistían a trabajar ni cumplían ninguna función real. Todo esto a ciencia y paciencia y con el apoyo del Legislativo y del Ejecutivo anterior.
El nombramiento excesivo de este personal provocó una crisis económica en la UNACHI, por el uso irresponsable de los recursos públicos que le está costando al Estado millones de dólares. Y es que, se creó la duplicidad de funciones a causa de que hay más personas que deben hacer el mismo cargo en tareas simples. Esta baja en la productividad, a su vez, representa un alto costo por los altos salarios. Estos sucesos han sido objeto de reproches, el pan de cada día de la opinión pública nacional e internacional. Los administradores deben ser regulados para asegurar que el dinero del Estado se utilice con transparencia para la rendición de cuentas. El tema de las presiones políticas para la contratación y nombramientos estuvo motivado por favores políticos, conflictos de intereses, clientelismo, y el tráfico de influencias, aunque están relacionados con el uso indebido del poder y la ética pública, no significan lo mismo. Es realmente difícil de decir, es inquietante, es una amenaza y es urgente tomar las medidas ante estos hechos debido a que sepultaron la cultura de la meritocracia en la UNACHI.
El rector Absel Navarro, heredó una universidad en quiebra, con una planilla desmesurada y a punto de estallar, una rectoría empeñada y llena de deudas. Con colaboradores innecesarios, personal nombrado que realiza tareas simples y algunos sin funciones. Con cantidad de obligaciones de pagos pendientes y cuentas por pagar acumuladas. Si todos conocemos los males de la UNACHI, sabemos cuál es su génesis y no hacemos nada por remediarlo, estaremos negándonos a nosotros mismos. Ser consciente de estos hechos y no actuar ni defender la Universidad, nos convierte en cómplices y traidores de nuestra querida y proclamada UNACHI.