No hay mejor lugar, Panamá

 No hay mejor lugar, Panamá

Por Ebrahim Asvat

@easvat

Los Asvat pronto cumpliremos cien años de presencia en Panama.  Cinco generaciones han transcurrido en esos ya casi cien años.   En mi casa nunca se habló mal de Panamá aun cuando fuimos víctima de leyes que nos catalogaban de raza prohibida.   Mi abuelo tenía al Dr. Arnulfo Arias y a Doña Matilde Linares de Arias como cliente en su tienda oriental y tuvo que salir de la ciudad y refugiarse en una base norteamericana en la antigua zona del canal.  Allí permaneció unos años primero vendiendo su inventario y luego como empleado en la Base de Kobe.

Al restablecerse la normalidad en el ejercicio del comercio al por menor regreso y empezó de nuevo.   Jamás vi proferir algo en contra del país que le dio acogida.  Pero si temblaba cada vez al ver al caudillo nacional retornar con ínfulas de conquistar el poder político.  Lo que hizo, lo invirtió aquí. Ese mito  del extranjero que viene a Panamá a enriquecerse y llevarse su dinero a su país es una leyenda urbana.    Y así ha sido la realidad de muchos inmigrantes con destino a estas tierras y un espíritu emprendedor y con ansia de salir adelante.

Panamá nunca en realidad ha sido un destino de inmigrantes.   Lo fueron Brasil, Argentina, Uruguay.  Lo siguen siendo Estados Unidos y Canadá.  Nos aventajan por sus condiciones climáticas.  Panamá no atrae por el clima.   El aire acondicionado nos nivelo las desventajas a Panamá, Dubái y Singapur.   Mi tío abuelo llego a Panamá luego de una travesía a Brasil y alguna isla del caribe. Bien pudo ser Barbados.   Es en esa o una isla caribeña similar donde alguien le comentó que si quería establecerse en algún lugar debería ir a Panamá. “Allá hay muchas luces”.  Haciendo referencia a una ciudad electrificada. Además del Canal y la circulación del dólar.  Y aquí llego en 1926 y termino cerca de Chepo como agricultor y luego en el negocio del transporte.  Y mi abuelo llego en 1929 también sin conocer el idioma y con muy pocos años de educación y como aseador en una tienda oriental en la Avenida Central.  De allí paso a Vendedor y con sus ahorros abrió su propia tienda siempre con otros socios hasta 1961 cuando decidió incursionar solo.

Detrás del apellido Asvat hay muchos años de sacrificios.  Una generación trabajando para mejorar las condiciones de vida de la próxima. Un proceso de compromiso de una generación invirtiendo no en sí misma sino en la próxima. Hoy quizás esa visión de la vida familiar se va disipando.  El esfuerzo y las horas de trabajo se aminoran y el ocio y la comodidad van ocupando un espacio mayor en el transcurso de las generaciones. El lugar y la posición que uno ocupa en el Panamá de hoy no es producto únicamente de un esfuerzo propio.   Detrás hay varias generaciones que tomaron una decisión transcendental en sus vidas y sacrificaron sus propias comodidades e intereses a favor de las próximas. Ha sido la historia panameña en su afán por conquistar su independencia y su integridad territorial, así como las de muchas familias incluyendo la mía que no tienen otro lugar para llamar Patria más este pequeño terruño llamado Panamá.

Mi Papá que murió a los 91 años siempre decía “a voz gritante”:  “ Panamá es el mejor país del mundo.  No hay mejor país que Panamá”. Este mensaje hoy se los llevo a todas esas aves de mal agüero incluyendo periodistas y comunicadores sociales, candidatos a puestos de elección, festejan hoy cada acto o impropio que refleja algo negativo sobre nuestro país como si eso nos caracterizara.Se equivocan.

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