Panamá y la reorientación de sus relaciones bilaterales con China

La bitácora
Por Ebrahim Asvat
El año nuevo 2025 inició con un nuevo ímpetu de los Estados Unidos por organizar sus relaciones con la comunidad internacional. La era de la posguerra con todos los beneficios que generó con una política liberal en materia económica y apertura global en el comercio internacional parece haber llegado a un final no muy satisfactorio.
Estados Unidos quiere orientar su política comercial mirando más hacia adentro y privilegiar su propio mercado interno con productos fabricados dentro de su territorio. Desconociendo a su vez la verdadera fuerza de su sector servicios y su impacto muy superior donde mantiene una hegemonía global. Innovar es mas importante que fabricar. Esas zapatillas que se fabrican hoy en China representa un porcentaje minúsculo en los costos de producción en comparación con el precio de venta. O acaso Trump y sus camaradas desconocen esto. Pero mas allá de la nueva estrategia comercial y económica de los Estados Unidos hay un marcado interés de ver su seguridad y hegemonía por lo menos en el hemisferio occidental asegurada a través de conquistas territoriales o protectorados relevantes. Es allí donde Groenlandia, Canadá y Panamá son los ejes centrales de esa ambición norteamericana.
El ombligo de las Américas como lo definió el General Torrijos constituye una prioridad importante en su afán por mantener por lo menos una ventaja comparativa frente al nuevo coloso comercial surgiendo a muy buena velocidad en el concierto de Naciones. Me refiero específicamente a China. Ahora bien, nosotros como nación hemos sido por más de dos siglos expuestos a la influencia de los Estados Unidos en nuestros quehaceres internos. En algunos casos negativos y en otros positivos.
Cuando reinaba el creciente imperialismo norteamericano fuimos expuestos a un sinnúmero de intervenciones militares. En otras ocasiones cuando nuestros procesos electorales o deficiencias democráticas no estaban a la altura de las concepciones filosóficas occidentales también fuimos objetos de intervenciones. Todo ello nos indica una franca realidad fáctica. Para sostenernos como Estado estamos obligados o necesitamos tener una forma de gobierno democrático y representativo semejante al mundo occidental definiendo a ésta como Estados Unidos y la Unión Europea. Fuera de ese marco político e institucional seremos víctimas de intervenciones y bloqueos con claros visos de afectar a nuestra población. Por lo tanto, constituye un factor relevante de nuestra sostenibilidad como Estado ser un país democrático, representativo y con respeto a los derechos humanos. Elecciones libres y transparentes y amplia libertad de ideas manifestada a través de una prensa libre.
Ahora bien, estos presupuestos necesarios para nuestra sostenibilidad como Estado exigen una relación distinta con países como China. A pesar de haber alcanzado una prosperidad económica envidiable recordemos: China es el partido comunista y El partido Comunista es China. Esa marcada centralización del poder político ejerce un dominio total sobre toda la población china y responde además a un etnonacionalismo y un marcado conflicto con sus minorías Uigures, tibetanas entre otras. Igualmente, la intervención en la actividad económica como se reflejó en los frenos expuestos a empresas como Alibaba y ahora contra Hutchinson Ports ponen en alerta al mundo cuando las operaciones comerciales se ven expuestas al consentimiento o rechazo de su gobierno central.
¿Tiene el partido comunista injerencia en las actividades comerciales de las empresas chinas alrededor del mundo? Es lo que le da un acierto a las declaraciones de Trump y sus adláteres del por qué algunas constituyen un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Panamá necesita redefinir el tipo de relación que mantendrá con China y esta labor le corresponderá analizar a los centros de estudios geopolíticos e internacionales que el país carece. A los gobiernos el día a día no les permite pensar en políticas a largo plazo. Pero bien, no quiero por el momento resaltar nuestras diferencias internas en esta materia.