El Escorpión
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El Escorpión

Jueves 14 de agosto de 2025
LEY MUERTA Las jubilaciones especiales pagadas por el estado están, aparentemente, prohibidas por la Ley 8 del 6 de febrero de 1997 que creó el SIACAP, para otorgar al servidor público con 28 años de servicios o más y edad de 52 años para las mujeres y 55 años para los hombres que se retiren del servicio público la oportunidad de recibir un ingreso adicional al momento de pensionarse. Y como toda regla tiene su excepción, dicha ley excluye a los miembros de la fuerza pública y a los del Cuerpo de Bomberos. Lo que quiere decir que magistrados y jueces, como funcionarios del estado, bien pueden, como todo servidor público, afiliarse al SIACAP para complementar su pensión de vejez con sus aportes a ese sistema. Afiliación que es voluntaria y si el empleado público no quiere, simplemente no se afilia y se acoge solo a la pensión de la CSS. Opciones hay, pero algunos al parecer prefieren el camino más fácil. FONDO O PARTIDA Con este songoro cosongo de la jubilación milenaria de magistrados y jueces, algunas cosas empiezan a despertar la curiosidad en la mente de los panameños. Una de ellas es la definición legal del instrumento jurídico en el estaría fundamentada la existencia del sistema financiero del que saldrán los pagos a los pensionistas. Hasta ahora se menciona la creación de un fondo de jubilación, pero no se conocen detalles si los aportes para alimentarlo provendrán de los salarios de esos funcionarios, ni qué porcentaje de su sueldo tendrán que cotizar. Por lo que ha trascendido, toda la carga recaerá sobre el presupuesto del Órgano Judicial, lo que hace suponer que se tratará de una partida presupuestaria y no de un fondo propiamente dicho. Y como preguntar insistentemente sobre el asunto es visto como un irrespeto por la Primus interpares de los magistrados de la Corte, al menos por su lado difícilmente conoceremos el detalle y las interioridades del fondo que parece partida y la partida que parece fondo. ¡Ayúdame Calderón! TRISTE Y SOLITARIO Así se siente el ser humano cuando llega a viejo en este siglo 21 plagado de tecnologías y adelantos científicos. Los casos aumentan cada año y las frías cifras estadísticas dan cuenta de una realidad que poco a poco va golpeando nuestra sociedad. Ese viejo triste y solitario que describe Dorindo Cárdenas en una de sus canciones está más cerca de nosotros de lo que imaginamos. A cierta edad lo que espera a los adultos mayores es un cuarto o apartamento donde vivir su soledad y, en el mejor de los casos, aunque no tanto, una cama en un hogar de ancianos. Si acaso una video llamada de algún familiar, un perro robot, o a pasar las horas viendo videos por YouTube que le recuerden los lejanos días de su juventud; eso si esta en la onda de las redes sociales y la tecnología. Ya ni el consuelo de la radio les queda, porque los contenidos están lejos de sus preferencias, mucho menos el de leer un periódico, porque casi están desaparecidos o la vista ya no les acompaña. Es un problema social que hemos de atender ahora, antes de que mañana se nos convierta en algo más grave. RINCÓN HEDIONDO Los vecinos y comerciantes de la Calle Octava con la Avenida Demetrio H. Brid del Casco Viejo casi se sublevan por el desborde de las aguas negras y la fetidez que dejaban éstas en dicho lugar. Tenían mucho rato de llamar a las autoridades sin obtener respuesta. Ni la Ofcina del Casco Antiguo, ni el Idaan, ni el Minsa, ni la Junta Comunal les daban respuesta. No fue hasta que optaron por llamar a la televisión e invitarlos a ver el asunto In situ, que corrieron a hacer algo. El asunto era tan crítico que un restaurante, ubicado al frente de la alcantarilla por la que salían las hediondas aguas, tuvo que cerrar por varios días. De nada les valió manguerear todos los días y tratar de destaparla, porque por la boca de ella salía toda clase de objetos, algunos innombrables, acompañados de las fétidas y grasosas aguas que corrían hasta un resumidero y caían hacia la antigua noria de San Felipe haciendo un charco en el que ni los gusarapos pueden sobrevivir.

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