Las fallas en la gestión pública

 Las fallas en la gestión pública

 

La Bitácora

Ebrahim Asvat

No he escuchado a ningún candidato proponer un plan de manejo del recurso humano en la gestión pública. Recortar personal en período de alto desempleo genera mayor desempleo. Satisfacer las ansias de los partidarios por puestos de trabajo significa destituir a otros.

Una gestión pública no se puede manejar con un recurso humano transitorio. Las barrerías cada cinco años ya generan deficiencias sustanciales en la gestión pública. Una de ellas es la ignorancia y la mediocridad del nuevo funcionariado que entra por primera vez a las tareas encomendadas.

Hoy en día la situación de la burocracia panameña está tan degradada que para temas complejos se requiere contratar a personal extranjero a través de las Organizaciones No gubernamentales, Instituciones Financieras Internacionales o Sector Privado.

Al Estado le ha correspondido tanto para obras de infraestructuras, asesorías, redacción de contratos, tramites litigiosos tercerizar el servicio. Se ha degradado la profesionalización, se ignora el talento en la elección de personal y se aumentan los costos operativos del Estado.

Una fórmula para mejorar la administración pública es contratar personal luego de preparar y aprobar exámenes de admisión.   Usted entra al servicio público por idoneidad, competencias o experiencias. Una vez en el servicio público sus ascensos se obtienen con exámenes y evaluaciones, de esta forma usted va escalando de posición, tiene su estabilidad laboral y el país se beneficia con funcionarios experimentados y capacitados en el ejercicio de sus funciones.    

Hacer carrera administrativa es importante para contar con personal experimentado en la gestión pública. Transitar por cinco años en el gobierno y luego saltar al vació es la práctica desdeñable que facilita la corrupción.  El que se va le importa un bledo y como sabe que caerá en el vació se rebusca como pueda, para garantizarse alguna estabilidad a futuro.    Muchos candidatos creen en resolver la corrupción descansando en los valores de integridad y honestidad. Eso será importante, pero más importante es la estabilidad del funcionario y las reglas de juego en los ascensos administrativos para permitir e incentivar conductas transparentes y legales en el ejercicio de sus funciones.

Quien vive con el temor a la destitución por tener criterio propio o ajustarse a los principios de legalidad con regularidad pensará primero en su familia y no el país. Solo un funcionario amparado en un sistema estable donde su remoción no dependa del plumazo del superior jerárquico tiene las garantías necesarias para ejercer a cabalidad sus responsabilidades públicas y las sanciones respectivas si se desvía de su facultades enmarcadas en la ley o si viola las conductas éticas del buen funcionario.

Es fácil cambiar el ambiente laboral en la gestión pública.  Es difícil para nuestro costumbre y prácticas políticas aceptar la eficiencia y generar confianza ciudadana frente a el desorden y las malas prácticas que tirios y troyanos han permitido degradando la función pública

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